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Ordenado por Carmenère de Chile

LA INVENCIÓN DEL CV. CARMÉNERE (Vitis vinifera L) EN CHILE, DESDE LAMIRADA DE UNO DE SUS ACTORES

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Revista UNIVERSUM, 2004. N° 19 Vol. 2: 150-165 Universidad de Talca

Ph. Pszczólkowski T.
Pontificia Universidad Católica de Chile
Facultad de Agronomía e Ingeniería Forestal
Departamento de Fruticultura y Enología
Casilla 306-22
Santiago, Chile.

INTRODUCCIÓN
La identificación de una región vitivinícola con un grupo de variedades, o con una sola de ellas, corresponde a una de las características más típicas en la vitivinicultura mundial desarrollada. Esto es, por lo tanto, un aspecto particularmente notable en el “Viejo Mundo” y muy deseado en los países del “Nuevo Mundo”.

En las regiones vitivinícolas más antiguas, esta identificación se dio a través de una selección natural, donde el hombre fue prefiriendo intuitivamente para su cultivo sólo aquellas variedades que mejor se adaptaban a su medio pedoclimático, hasta el punto de identificarlo con dichas variedades.

Las regiones francesas son las que presentan la mayor, más antigua y más exitosa identificación con diversas variedades. A modo de ejemplo, podemos señalar para Burdeos su asociación con el Cabernet sauvignon, Cabernet franco, Merlot, Côt rouge y Petit verdot, entre las variedades tintas, y Semillón, Sauvignon blanc y Muscadelle, entre las variedades blancas. En el valle del Loira cumplen este papel el Pinot noir y el Chardonnay. Para la región del Baujolais las variedades características son el Gamay, el Chardonnay y el Aligoté. En Alsacia, encontramos principalmente al Gewürztraminer, Riesling y Sylvaner. En el valle del Ródano son Grenache y Syrah, las principales variedades y en el Midi, predominan el Carignan, el Cinsaut y el Grenache.

En otros países del “Viejo Mundo” sucede algo parecido. Es clásica la identificación de la viticultura alemana con el Riesling, o alguna de sus regiones, como el Mosela, Saar y Ruwer con el Müller-Thurgau. En Italia, el Nebbiolo y el Barbera identifican a los viñedos del Piamonte y el Sangiovese a la región del Chianti. En España, el Tempranillo, bajo diferentes sinonimias, aparece en sus diferentes comarcas y el Palomino identifica al Jerez. Otros países y regiones reivindican para si variedades autóctonas, como el Assyrtiko en Grecia o el Touriga Nacional en Portugal.

En el “Nuevo Mundo” también se ha buscado con interés una variedad emblemática con la cual identificarse. Por lo general se ha seleccionado alguna exitosa y comercial variedad francesa, ha sido un objetivo de cada una de las industrias nacionales. Y después de unos años de trabajar en esta dirección, se han logrado incuestionables éxitos. En los EEUU se consideró imposible la identificación con variedades de especies nativas, como Concord e Isabella, pertenecientes a la especie Vitis labrusca L., dado su peculiar carácter foxé. Ello abrió el camino para que que la variedad Primitivo, introducida por inmigrantes italianos y denominada en California como Zinfandel, accediera al estatus de emblemática de dicho país.
En Sudáfrica, el Pinotage, un mestizo entre Pinot noir y Hermitage (Cinsaut), identifica a dicho país en el ámbito vitivinícola. En Australia, la notable adaptación del Syrah a sus condiciones, ha hecho que la sinonimia Shiraz identifique a los vinos australianos. En Nueva Zelanda, su clima ha permitido la obtención de excelentes vinos de Sauvignon blanc, los cuales hoy día son altamente demandados en el mundo. En Sudamérica son notables los casos de Argentina y Uruguay. Destacados vitivinicultores trabajaron allí con variedades francesas produciendo vinos que se diferenciaron en calidad frente a las variedades cultivadas desde la colonia, hasta el punto de hacerlas conocidas por sus propios apellidos. Es el caso del francés Jean Malbeck en Argentina, quien hizo que el Côt rouge, originario del valle del Loira y Cahors, fuera conocido mundialmente como Malbec e identificara a Argentina con dichos vinos. En Uruguay, el vasco francés Pascual Harriague, radicado en la localidad de Salto, introdujo en 1870 una variedad de vid que otro vasco, Juan Jauregui apodado Lorda, había desarrollado en la ciudad argentina de Concordia, ubicada en la margen opuesta del Río Uruguay, haciéndola conocida por su apellido, Harriague, en dicho país. Actualmente se ha vuelto a denominar a la variedad por su nombre francés de Tannat, originaria de los bajos Pirineos (Madiran). Hasta el último lustro del siglo XX, Chile no poseía una variedad emblemática que lo identificara, tal como hoy lo hace el Carménère. El objetivo de este trabajo es dar a conocer los hechos que llevaron al Carménère a identificarse con Chile, desde la visión de uno de sus protagonistas.   […]»


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