Según información distribuídas por agencias y recogidas por medios locales, México está a las puertas de un interesante despegue en el consumo de vino tanto en restaurantes y hoteles, como a nivel de consumidor común. La industria se adapta a modelos del nuevo mundo.
Los vinos blanco, rosado, tinto y digestivos han dejado de ser en los últimos 10 años los favoritos de la clase alta. Hoy ya están en la mesa de las familias de ingresos medios a medios bajos y la venta más fuerte de éstos es a través de supermercados.
La popularización de los vinos de mesa llegó con la influencia de la televisión, de boca en boca, pero principalmente con el esfuerzo de las tiendas de autoservicio que han colocado cavas.
Pilar Meré, coordinadora de Promoción de Vinos Mexicanos de la Asociación Nacional de Vitivinicultores, comenta que cadenas como Comercial Mexicana, Sam’s, Wal-Mart, así como algunas tiendas de abarrotes han seguido una estrategia exitosa al colocar las cavas dentro de sus inmuebles, pero son un mercado pequeño en cuanto a variedad y extenso en cuanto a precio.
Hoy en día, el consumo per cápita anual de los mexicanos es de 360 mililitros, aunque la curva es ascendente, pues tan sólo existen 40 productores de vino mexicanos.
FUERA DE LA TRADICIÓN
En entrevista con Excélsior, Meré sostuvo que no todo lo que está a la vista es “todo lo que hay” en el mercado. El boom de las tiendas de autoservicio está fundamentado en una estrategia en realidad simple: los vinos que importan no han estado en barricas, por lo que su costo final es más accesible y eso satisface a los consumidores.
“Este método es un nuevo sistema de producción. No significa que sea un mal vino, simplemente es un producto que desde su elaboración pasó a la botella y sólo se percibe el sabor de la uva y del terruño.
Menciona asimismo que el precio para fabricarlo es más bajo al no tener el proceso de conservación en barrica, y tiene un retorno de inversión más rápido. Así puede lograrse un mayor volumen, lo que se vuelve más accesible y alcanza a más canales de distribución. Mientras que los otros vinos (fermentados en barricas) se van a las tiendas especializadas.
“Los vinos sin proceso de barrica son los que comercializan en tiendas de autoservicio y tienen una fuerte penetración”, subraya Meré.
LOS COMPRADORES
La Asociación Nacional de Vitivinicultores y la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales precisan que el consumidor popular de vinos tiene el siguiente perfil:
De lunes a viernes el consumo del supermercado lo realizan en su mayoría las mujeres, que cuidan su gasto y, si llegan a comprar vino, es parte de la despensa o para realizar un platillo específico.
El fin de semana la compra la realiza el hombre. Ese vino está destinado a alguna reunión y regularmente compran un producto 30 por ciento más caro que una ama de casa.
“Los más dinámicos en consumo son aquellos consumidores que trabajan dentro de oficinas, que usan traje y que ven a este producto como un artículo aspiracional y que les puede dar cierto valor agregado”.
Hoy, se calcula que 20 por ciento de las reuniones de clase media y media baja han dejado atrás el consumo del ron, brandy y el tequila. En esta dinámica, la mayor parte de los integrantes del grupo desean tener una reunión “tranquila, mesurada y sin sobrepasarse de alcohol”.
De acuerdo con la ANTAD, 80 por ciento de los consumidores que compran sus vinos en la tienda de autoservicio no sabe apreciar qué líquido combina con qué cierto tipo de comida (el llamado “maridaje”), lo que le interesa es probarlo y que sea agradable a su paladar. “Es decir, olvida lo bluff y la pose”.
Tampoco es nada despreciable este mercado. Las cifras indican que 82.5 por ciento de las ventas totales se realiza en tiendas de autoservicio, aunque especialistas independientes de este nicho de mercado sostienen que la venta en supermercados aún es limitada.
“Lo que sucede en este nivel de consumidor común es que el mayor desplazamiento se da en el supermercado, que lo lleva a casa y en un segundo nivel lo bebe en restaurantes, pero el precio siempre se impone antes que la calidad”, asegura Meré.
La canasta básica, una fantasia
Productores de la casa mexicana Monte Xanic y L.A. Cetto coinciden en que, de acuerdo con los índices de ventas, el vino tiende a masificarse. Como productores esperan que se vuelva un producto de consumo cotidiano, pero defienden que esta práctica no tiene nada que ver con la labor de los productores y sí con los factores económicos del país.
La Asociación Nacional de Vitivinicultores subraya que en el país hay 60 por ciento de pobreza, y para que se popularice, el Estado tiene que solucionar sus problemas económicos para que los vinos de mesa formen parte de la canasta básica.
Paulina Vélez, quien importa y distribuye vinos de distintas casas nacionales, expresa que los asuntos económicos no son el único problema que existe en el país, también se debe que luchar con los conceptos culturales erróneos que hay desde décadas, como el malinchismo.
Una de las principales razones por las que este producto no deja una mayor derrama es porque la gente prefiere un artículo extranjero sobre uno nacional.
Pilar Meré agrega que el malinchismo provoca un sentimiento de insatisfacción por lo que existe en el mercado de productos nacionales.
“No estamos orgullosos y creemos que estamos a un mejor nivel si ponemos en la mesa un vino español que uno mexicano”.
Además, los vinos de México tienen una carga negativa en su precio por el IEPS e IVA, que le suman 43 por ciento más y está considerado como un producto suntuario.
Por ese motivo en los anaqueles del supermercado no se puede tener una gran variedad de productos nacionales, lo que pone en desventaja a los fabricantes. Además, ante estos impuestos, los extranjeros resultan más baratos.
“Las empresas más grandes han luchado por estar presentes en autoservicios y tratando de ampliar sus líneas de producción, pero hoy aún no es posible, sin embargo, hay un buen indicio de que este mercado se transformará en menos de 10 años”, asegura Meré.
Industriales concluyen que ven con buenos ojos la masificación del vino y que la gente sabe que es un producto de respeto, pero al alcance de todos.
Datos
360 mililitros es el consumo per cápita en México.
250 mililitros fue el consumo hace cinco años.
125 mililitros hace 10 años.
350 mil personas emplea; el doble en cosecha.
40 productores nacionales.
El Padre Kino, de Domecq, es el vino mexicano más vendido.
Un millón 678 mil cajas se comercializan al año.
25% de la producción nacional se exporta.
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