Agosto en Barcelona. Pareciera que los fantasmas la habitaran, pero fantasmas ilustres y elegantes, donde
el eco de sus risas llenas de optimismo aún se pueden oír en las calles vaciadas del Eixample barcelonés. Los turistas se aglomeran, se apelotonan más bien, en las zonas donde las guías de turismo han pontificado los puntos de peregrinaje obligado. Aparte del Paseo de Gracia y sus alrededores, El Eixample descansa en el sudoroso agosto.
El músculo duerme, la pasión descansa, cantaba Gardel. Así me siento cuando avanzo a través de estas fachadas imponentes, de estos chaflanes que cortan la linealidad de la caminata en un vespre de agosto. Voy a cenar a casa de un matrimonio amigo, ella catalana de Barcelona, él inglés de Londres, cosmopolitas y viajeros como pocos. Llevo un vino blanco metido en una bolsa, el vino está fresco y va sudando más que yo. Llego a la dirección, toco el timbre, sí hola! he dado con el piso. Salgo del ascensor y Mireia espera en la puerta entreabierta para la bienvenida, entro y los aromas del extremo oriente me acarician, tal vez incienso y las especies de la comida. En el interior las luces tenues hacen resaltar más las 2 pequeñas candelas encendidas frente a dos pequeñas imágenes de Krishna y Ganesh a un costado de la sala.
Con este preámbulo y en esta atmósfera, ofrezco este vino Abadal hecho con uvas picapoll de la
Denominación Plà de Bagés, verdadero tesoro enológico de Catalunya. Mientras enfriamos el vino, conversamos sobre la tienda de productos naturales que han comprado en traspaso, se llama Mapu (Tierra en mapudungun) y está en el carrer de les Magdalenes, pleno centro de Barcelona, a pocos metros de la Catedral. Según me comentan tendrán entre los productos a la venta, selectas cavas y vinos orgánicos de Catalunya, ya habrá tiempo de conocerlos.
Y probamos el vino. No se parece a ningún otro, suave aroma, amplio sabor con dominancia cítrica. Es un vino que combina muy bien los aromas florales con sabores elegantemente amargos, que le otorga autenticidad y que en este caso alimenta la conversación cuando evocamos viajes lejanos y remotos, y a la vez sentimos la fuerza de la tierra catalana que nos arraiga con sus olores y sabores expresados en este vino.
Afuera, el Eixample ya de noche, sigue poblado de sus alegres fantasmas.
Cavas Barcelona
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