(C) Escrito por Laureano Serres
Enólogo de la Terra Alta, Tarragona.
Antes de nada agradecer la invención de palabras compuestas que no se sabe muy bien que significan…pero suenan bien.
Después del primer artículo de aproximación a la madera, me quedó, como decía un colega como algo sin terminar, y, es verdad, quería abrir caminos de pensamiento en torno al tema. Como siempre, y como casi todo en este mundo es muy largo y complejo el tema. Y así hay que tratarlo…diciendo con sencillez que todo es posible, y que va a depender de muchas cosas, el uso - interacción madera - vino.
Conclusiones de pensamientos derivados del artículo anterior y de otros pensamientos.
Creo que al principio fue el vino, ese producto que fermentó en donde fuera, pero seguro que no en un recipiente de madera, y digo que seguro que no porque la evolución del ser humano es así, cuanto menos natural, ¡¡¡más nos gusta!!!.
Después, y gracias a que eso funcionó y funcionó bien, se siguió fermentando vino, casi seguro que en barro primero, en arcilla, eso sí lo creo porque hoy lo hace muy poca gente, pero se ve que algunos (¿locos?) muy bien, y con buenos resultados; se siguió elaborando vino y más vino, y se diversificó, y aparecieron los catadores. Y se siguió haciendo vino.
Supongo que en un determinado momento, con alguno de los auges del comercio, apareció la madera como recipiente útil para el transporte. Pesa poco, fácil de fabricar, gran cantidad de materia prima, resistente, manejable (dando vueltas se carga y descarga), y supongo que algunas cosas más.
Bueno, como los pedidos de preparan en la bodega, ya podemos incluso poner el vino en barricas, preparadas para el transporte. Si resulta que falló el pedido, o pasó ‘demasiado’ tiempo el vino en la barrica, y lo prueban y …¡¡¡no está mal!!! Había un micro-aporte de oxígeno, una sinergia buena. Bueno, entonces ya lo criamos especialmente con este aporte, con esta mejora.
Los usos se convierten en reglas, en leyes, en sistemas, y queda el vino unido a la madera, en muchos sitios, en muchos casos, de muchas formas y variadas maneras.
Y no es hasta más adelante, cuando, a alguien que llegará a dominar el mercado y a los elaboradores, le gusta ese sabor de vainilla, como untada en pan tostado (algo así se dice en Mondovino), que aparece la gran innovación en el uso de la madera, ya asociada al vino, pero en un orden de igualdad, incluso a veces con ‘la mayoría de las acciones’. Y ahí toda una diversa variedad de posibilidades, a cual más cara, roble (ahora ya castaño), francés o americano, de Nevers o de Alllier, grano fino o grueso, tostado ‘moyenne’, mediano o fuerte, luego con los tamaños y así hasta el infinito ( y más allá, que decía Buzz Ligthyear).
Y aún más, vamos a darle otra vuelta de rosca al asunto (otro paréntesis: ¿la penúltima?), vamos a llegar al colmo del absurdo, simplemente añadamos unas virutas que nos den el gusto, o unas duelas, y un poco de oxígeno, y ya puestos le echamos un poco de extracto de hinojo o tomillo, y así decimos que la uva lo coge del campo, y por qué no, algo de extracto de guayaba, o por qué no, de extracto de sabor de Burdeos, o de Borgoña, o de Barolo ( que también existen, como los otros), o de no sé que ‘mamoncillo’ ponía uno el otro día.
Bien, hermanos, sepamos que todo eso está y es, y desde hace tiempo, y que nadie se rasgue las vestiduras, que cuando los catadores dicen que está bueno…es que lo está. Y si lo vale, lo vale.
Pero yo me quedo con el uso de la madera como recipiente, que se cura con vino, y con vino sigue, y lleva el vino a su máxima expresión, muchas veces porque la madera se ha quedado en la mínima.
Salut.
Cavas Barcelona
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Pedro , dice,
Octubre 6, 2007 @ 1:12 am
estoy de acuerdo con el autor del artículo, hay tanto parecido entre los vinos que pasan por roble que pareciera que buena parte de los méritos se los debieran llevar los fabricantes de barriles. este un punto de bastante actualidad, pues se necesitan nuevas expresiones que sólo pueden venir de las mismas uvas¡